PANDORA busca fotógrafos y fotógrafas documentales 



El colectivo Pandora busca fotógrafos documentales residentes en España, preferiblemente en Barcelona, que quieran crear y desarrollar proyectos audiovisuales colectivos en un entorno de trabajo en equipo.

Los interesados pueden enviar un dossier por correo electrónico a la siguiente dirección: info@pandorafoto.com

El dossier (archivo ZIP con el nombre del fotógrafo) constará de:
• Porfolio de trabajos realizados con un máximo de 40 imágenes en total. Características técnicas: Imágenes 1.200 px de largo en jpeg calidad 10.
• Carta de motivación
• CV

La fecha limite para la presentación de porfolios es el 28 de febrero 2010.





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CRISTINA GARCÍA RODERO: primer miembro español de la Agencia Magnum 

Enhorabuena a Cristina García Rodero. El proceso de admisión a Magnum es lento y laborioso, pasa por una serie de estadios y cribas hasta poder ser admitido como miembro de pleno derecho de esta reputada agencia de fotógrafos. La trayectoría profesional de Cristina es incuestionable, su obra fotográfica tiene un rigor y una coherencia extraordinarios. Treinta y cinco años dedicados a documentar ritos religiosos y paganos, tanto en España como en otros países del mundo, con una mirada potente, rigurosa, viva y no carente de un cierto sentido del humor, cercana a todo lo que fotografía, son suficiente aval para estar entre los mejores. Su vitalidad, su simpatía, su carácter campechano sin duda animarán las asambleas de la vieja Agencia.
(Ver la noticia en el diario El País)


Cristina García Rodero en una imagen reciente, © EDICIONES EL PAÍS, S.L.


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La fotografía en la selectividad catalana 

En la convocatoria de la selectividad catalana de junio de este año se introduce en el examen de la materia de Imagen un ejercicio de "lectura e interpretación de imágenes": una de las competencias más importantes del currículum del bachillerato de artes cuyo entrenamiento predispone a los alumnos a tener criterio en la interpretación de los mensajes visuales y les da las bases para su propia experimentación en el lenguaje. Como profesora celebré la entrada de la fotografía en un examen de selectividad, desplazando por una vez al vídeo, al cómic y a la televisión que suelen ser normalmente los medios elegidos. Pero inmediatamente me sentí decepcionada al ver las pésimas reproducciones fotográficas y la falta de criterio en la redacción del enunciado. La pareja de fotos propuesta como referente para el comentario, que constituía la opción A del examen, se atribuía a dos de los mejores autores del siglo XX -según el enunciado de la pregunta-: Philippe Halsman y Ernst Haas (de entrada, la coincidencia en la inicial del apellido, me resultó algo sospechosa...)

El Dalí Atómicus (1948) de Halsman es una fotografía muy conocida. También es conocida la historia acerca de su creación. Halsman necesitó 26 intentos para lograr la fotografía definitiva en la conjugación del salto del pintor, el lanzamiento de tres gatos al aire, la suspensión de dos caballetes del techo mediante cables, una silla sujetada desde el fuera de campo por la esposa del fotógrafo y un cubo de agua arrojado en el momento del disparo de la cámara por un asistente. Un cuidado proceso de escenificación y actuación que duró 6 horas para lograr el momento infinitesimal deseado -creado intencionalmente pero a la vez fugaz y aleatorio-, del agua cristalizada en el aire y los gatos y Dalí arrojando sus sombras contra el suelo. El estilo de su autor es conocido por su blanco y negro perfectamente degradado, por el cálculo de la iluminación -en este caso cenital para potenciar el brillo del agua- y la nitidez de las grandes placas. Fotografía directa, aunque escenificada y dirigida por su autor con la colaboración del modelo. Pero ¿qué es lo que veían los alumnos en el papel del examen? Una imagen del tamaño de un cromo, interpolada mil veces, con las típicas aureolas en torno a las formas oscuras, sin ninguna definición, en la que no se reconocía ni tan siquiera el popular rostro de Dalí. Pero este descuido en la reproducción no fue la única falta de respeto contra la fotografía. El enunciado de la pregunta parecía hecho por alguien totalmente ajeno a la disciplina (traduzco del catalán): "En una fotografía siempre hay un grado de manipulación por parte del autor. En los dos ejemplos propuestos, los autores han usado diferentes procesos técnicos para plasmar la intención estética. Qué tipo de manipulación ha ejercido cada uno de los dos fotógrafos sobre su obra? Razonad la respuesta." Razonemos:

Para empezar... Emplear el término manipulación cuando se trata de fotografía directa es una barbaridad. Salvo que se trate de la manipulación que ejerce el fotógrafo sobre la opinión del público (como por ejemplo en la fotografía informativa) manipulación es un concepto que se refiere a la intervención del autor mediante "las manos", o cualquier otro instrumento, una vez que la toma está hecha. Enseñamos a los alumnos a diferenciar entre la fotografía escenificada (aquella que reproduce un montaje dirigido por el autor -como en este caso- con diferentes grados de intervención), de la fotografía retocada (aquella en la que el autor potencia ciertos aspectos en la copia para crear efectos visuales de contraste, color, etc., también con diferentes grados de intervención) y la fotografía manipulada, es decir, aquella en la que el autor (o cualquier otra instancia) ha intervenido después de la toma para crear la escena y la acción: suprimiendo y añadiendo elementos, cuyo caso más extremo es el fotomontaje. Por eso se podía inducir erróneamente al alumnado a interpretar la fotografía de Halsman como un fotomontaje, cuando no lo era.

La pregunta pedía la identificación del tipo de manipulación cuando realmente lo que debería pedir -ateniéndose a los manuales de lectura e interpretación de imágenes- sería la identificación de los diferentes recursos expresivos y cómo estos recursos afectan a la interpretación del tema por parte del espectador: el encuadre, el punto de vista, la iluminación, la velocidad de obturación, la profundidad de campo, el color... Opciones creativas que revelan la mirada peculiar del fotógrafo, no un grado de manipulación.

Una de las mesas de las jornadas de SCAN se dedicó a la pedagogía de la imagen. De allí salieron unas actas en las que la administración educativa y la cultural se comprometían a potenciar la enseñanza de la fotografía en los diferentes niveles educativos con el doble objetivo de formar ciudadanos críticos y universitarios capaces de profundizar e investigar en los procesos de producción de las imágenes. Una de las propuestas de esta mesa pedagógica fue la demanda de un Instituto que agrupara a las distintas instancias encargadas de la gestión, difusión, enseñanza, investigación, etc. de la fotografía, con la finalidad de cerrar criterios y de suministrar observadores para los procesos públicos de interés general en los que interviniera la fotografía, como podría ser la supervisión de las pruebas de selectividad.

Mientras que cualquier cuadernillo de examen de selectividad lleva el marchamo del "Institut d'Estudis Catalans", signo que garantiza la corrección lingüística y la edición del modelo de examen... yo me pregunto: ¿ha habido alguien que hiciera lo mismo con las fotografías publicadas? (Otro ejemplo sangrante de esta convocatoria es la reproducción en la prueba de Volumen de dos fotografías de Gjon Mili, fotógrafo de la revista Life, sin pie de foto ni referencia a su autor) ¿Por qué no existe alguna institución que vele por la calidad de la reproducción de las fotografías y el respeto a la autoría y especificidad de este medio? ¿O es que se considera superflua la buena visibilidad de la imagen y los acuerdos en torno a los conceptos que intervienen en el análisis?



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¡No olvidemos la historia de la fotografía! 

Una exposición Años 70. Fotografía y vida cotidiana, que recuerda la explosión de retratos de lo cotidiano en los setenta, es objeto de las increíbles opiniones de Isabel Lafont en http://www.elpais.com/articulo/cultura/ ... icul_5/Tes]El País (3.06.09)[/url], además de contradictorias:

“Hubo un momento en que los fotógrafos bajaron del pedestal del esteticismo y del gran fotorreportaje para volver sus cámaras hacia sus propios ombligos y a los de quienes tenían más cerca. Fue en los años setenta, con una generación de autores que amplió los horizontes de la fotografía al unir, como nunca se había hecho hasta entonces, el arte con la vida sin más, con lo cotidiano. Lo importante no era ya el encuadre, ni la búsqueda de la belleza.” Cita las palabras de Sergio Mah, uno de los comisarios de la exposición: “un momento en el que se ve "cómo la conexión que se fraguó entre fotografía y cotidianidad vino a restablecer una proximidad entre la práctica artística y la realidad social que andaba perdida en las vanguardias y el surrealismo". Y siguen: "Aquellas cosas que antes no tenían sentido, ahora son retratadas de una forma diferente", señala Wombell. "Hasta entonces nadie había fotografiado a gente durmiendo, o simplemente sentada", añade. […]Fue también un momento en el que los autores se hicieron con el control de su propia obra”

Los comentarios sobran. Parece que la única forma de presentar fotografía interesante es bajo el señuelo de la novedad, la rareza y la ruptura. A los críticos y comisarios les recomendaríamos que echaran un vistazo a los manuales de historia de la fotografía para comprender el nexo que existe entre generaciones, las conexiones entre maneras de mirar más allá del estilo de época. Con este conocimiento se podrían matizar, sino rectificar, algunas de las opiniones que se exponen en el artículo.


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PREMIOS ORTEGA Y GASSET 2009 

Con motivo del 25 aniversario de los Los Premios Ortega y Gasset de Periodismo, el diario El País publicaba lo siguiente: “Los Premios Ortega y Gasset de Periodismo cumplen 25 años, un aniversario en el que han distinguido la valentía del periodismo de investigación, la lucha en favor de la libertad de expresión y la denuncia de los horrores de la guerra.” (EL PAÍS - Madrid - 05/04/2008)

En esa ocasión el premio, en su categoría de Periodismo Gráfico, recayó en una Bellísima instantánea del magnífico trabajo “Vidas minadas” de Gervasio Sánchez, que como un canto a la vida nos muestra a “Sofia y Alia” , madre e hija, en una imagen que en palabras del su autor “concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas”.

En la edición de este año los premios nos sorprenden con un cambio de sintonía radical: la foto premiada es una instantánea de Adolfo Suárez, ex presidente del Gobierno, y del Rey Don Juan Carlos paseando juntos, tomada por el hijo del presidente Suárez, Adolfo Suárez Illana. El encuentro entre dos personajes claves de la transición española a la democracia fue al parecer un encuentro privado al que los periodistas no tuvieron acceso. Es una fotografía que, a priori, no tenía la intención de informar, tomada por alguien que era testigo de un momento por una circunstancia personal, totalmente ajena al periodismo. Se trata pues de una foto de familia, como las que cualquiera de nosotros realiza en ese tipo encuentros, con la diferencia, eso sí, de la relevancia de los personajes.

La polémica está servida. Si nos damos un paseo por la red podemos escuchar sus ecos. Estas son algunas de las opiniones que hemos encontrado:
“Es justo que alguien que no es fotógrafo reciba un premio tan prestigioso? ¿Sería posible, por ejemplo, que un camarero recibiera un premio de investigación médica o un albañil uno de arquitectura?
¿Es esto periodismo ciudadano?
¿Y la técnica? Habrá quien tenga dudas sobre los valores “técnicos” de esta imagen, que si el encuadre, que si la luz…”

El contraste entre la trayectoria anterior de los premios y éste de la presente edición es obvio. La decisión del jurado, sorprendente, paradójica, un tanto opurtunista… Sin duda la imagen premiada tiene un interés, más simbólico que informativo, que hace que merezca la pena su publicación. ¿Exagerado e incluso inapropiado otorgarle a su autor un premio como el que ha recibido? Seguramente sí… sobre todo si pensamos en los numerosos fotógrafos de prensa que están día a día al pie del cañón, para informar con sus imágenes de toda esa realidad que desconoceríamos si no fuera por su trabajo, comprometido, tenaz y valiente por el que no dudan incluso en poner sus vidas en peligro.


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