SOFIA Y ALIA, son madre e hija, mozambiqueñas. Gervasio Sánchez las ha fotografiado durante la siesta, desde arriba, para denotar el grado de unión entre la mamá y el bebé en el urdido de arrugas de una tela estampada que confunde el bulto de sus cuerpos. Entre los dibujos geométricos van surgiendo las formas de la pequeña Alia y del hermoso cuerpo de su madre. La dulzura del sueño se convierte en pesadilla a la altura de las rodillas de Sofía: allí donde esperábamos las líneas relajadas de sus piernas y la textura de su piel, nos hiere la mecánica de las prótesis que las substituyen.
La maestría de esta foto consiste en la presentación de los tres momentos de Sofia, que a los 14 años ha perdido sus dos piernas con la explosión de una mina antipersona. Vemos aquel momento del pasado en toda su crueldad, pero también vemos a través de su presente, el futuro se su pequeña Alia. Podemos imaginar a Sofía pasando por todo el proceso de concebir, de parir y de criar a su hijita, sembrando de fuerza y de vida el breve espacio que le ha dejado su desgracia.
Sofía y Alia le han dado a Gervasio el premio Ortega y Gasset de Periodismo a la mejor fotografía. Ellas le dan el premio y ellas también lo reciben, puesto que esa foto fue hecha por y para ellas, tal y como lo expresa siempre Gervasio: los verdaderos héroes del periodismo son los protagonistas de las historias; el reportero no hace más que seguir su rastro. De esa manera, Gervasio no sólo ha documentado durante diez años los horrores de la guerra y las consecuencias sobre la población civil, sino que ha seguido a las personas en su ánimo de superación y de resistencia, volviendo cada cuatro años para seguir retratando su nueva vida rota por las minas. Por eso no es un simple detalle la inclusión de los nombres de las protagonistas, un detalle que no abunda en la fotografía de guerra. La razón es que ésta no es una instantánea robada sino la escena sacada de una historia de vida. Las fotografías de Gervasio Sánchez acabarán siendo símbolos de una situación injusta, pero jamás perderán ese referente concreto que a él le ha llevado a cambiar su vida: “ellos son como mis hijos”.
Felicitamos a Gervasio, y con él a todos los protagonistas de sus imágenes, por el premio recibido.

La maestría de esta foto consiste en la presentación de los tres momentos de Sofia, que a los 14 años ha perdido sus dos piernas con la explosión de una mina antipersona. Vemos aquel momento del pasado en toda su crueldad, pero también vemos a través de su presente, el futuro se su pequeña Alia. Podemos imaginar a Sofía pasando por todo el proceso de concebir, de parir y de criar a su hijita, sembrando de fuerza y de vida el breve espacio que le ha dejado su desgracia.
Sofía y Alia le han dado a Gervasio el premio Ortega y Gasset de Periodismo a la mejor fotografía. Ellas le dan el premio y ellas también lo reciben, puesto que esa foto fue hecha por y para ellas, tal y como lo expresa siempre Gervasio: los verdaderos héroes del periodismo son los protagonistas de las historias; el reportero no hace más que seguir su rastro. De esa manera, Gervasio no sólo ha documentado durante diez años los horrores de la guerra y las consecuencias sobre la población civil, sino que ha seguido a las personas en su ánimo de superación y de resistencia, volviendo cada cuatro años para seguir retratando su nueva vida rota por las minas. Por eso no es un simple detalle la inclusión de los nombres de las protagonistas, un detalle que no abunda en la fotografía de guerra. La razón es que ésta no es una instantánea robada sino la escena sacada de una historia de vida. Las fotografías de Gervasio Sánchez acabarán siendo símbolos de una situación injusta, pero jamás perderán ese referente concreto que a él le ha llevado a cambiar su vida: “ellos son como mis hijos”.
Felicitamos a Gervasio, y con él a todos los protagonistas de sus imágenes, por el premio recibido.







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