Con motivo del 25 aniversario de los Los Premios Ortega y Gasset de Periodismo, el diario El País publicaba lo siguiente: “Los Premios Ortega y Gasset de Periodismo cumplen 25 años, un aniversario en el que han distinguido la valentía del periodismo de investigación, la lucha en favor de la libertad de expresión y la denuncia de los horrores de la guerra.” (EL PAÍS - Madrid - 05/04/2008)
En esa ocasión el premio, en su categoría de Periodismo Gráfico, recayó en una Bellísima instantánea del magnífico trabajo “Vidas minadas” de Gervasio Sánchez, que como un canto a la vida nos muestra a “Sofia y Alia” , madre e hija, en una imagen que en palabras del su autor “concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas”.
En la edición de este año los premios nos sorprenden con un cambio de sintonía radical: la foto premiada es una instantánea de Adolfo Suárez, ex presidente del Gobierno, y del Rey Don Juan Carlos paseando juntos, tomada por el hijo del presidente Suárez, Adolfo Suárez Illana. El encuentro entre dos personajes claves de la transición española a la democracia fue al parecer un encuentro privado al que los periodistas no tuvieron acceso. Es una fotografía que, a priori, no tenía la intención de informar, tomada por alguien que era testigo de un momento por una circunstancia personal, totalmente ajena al periodismo. Se trata pues de una foto de familia, como las que cualquiera de nosotros realiza en ese tipo encuentros, con la diferencia, eso sí, de la relevancia de los personajes.
La polémica está servida. Si nos damos un paseo por la red podemos escuchar sus ecos. Estas son algunas de las opiniones que hemos encontrado:
“Es justo que alguien que no es fotógrafo reciba un premio tan prestigioso? ¿Sería posible, por ejemplo, que un camarero recibiera un premio de investigación médica o un albañil uno de arquitectura?
¿Es esto periodismo ciudadano?
¿Y la técnica? Habrá quien tenga dudas sobre los valores “técnicos” de esta imagen, que si el encuadre, que si la luz…”
El contraste entre la trayectoria anterior de los premios y éste de la presente edición es obvio. La decisión del jurado, sorprendente, paradójica, un tanto opurtunista… Sin duda la imagen premiada tiene un interés, más simbólico que informativo, que hace que merezca la pena su publicación. ¿Exagerado e incluso inapropiado otorgarle a su autor un premio como el que ha recibido? Seguramente sí… sobre todo si pensamos en los numerosos fotógrafos de prensa que están día a día al pie del cañón, para informar con sus imágenes de toda esa realidad que desconoceríamos si no fuera por su trabajo, comprometido, tenaz y valiente por el que no dudan incluso en poner sus vidas en peligro.

En esa ocasión el premio, en su categoría de Periodismo Gráfico, recayó en una Bellísima instantánea del magnífico trabajo “Vidas minadas” de Gervasio Sánchez, que como un canto a la vida nos muestra a “Sofia y Alia” , madre e hija, en una imagen que en palabras del su autor “concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas”.
En la edición de este año los premios nos sorprenden con un cambio de sintonía radical: la foto premiada es una instantánea de Adolfo Suárez, ex presidente del Gobierno, y del Rey Don Juan Carlos paseando juntos, tomada por el hijo del presidente Suárez, Adolfo Suárez Illana. El encuentro entre dos personajes claves de la transición española a la democracia fue al parecer un encuentro privado al que los periodistas no tuvieron acceso. Es una fotografía que, a priori, no tenía la intención de informar, tomada por alguien que era testigo de un momento por una circunstancia personal, totalmente ajena al periodismo. Se trata pues de una foto de familia, como las que cualquiera de nosotros realiza en ese tipo encuentros, con la diferencia, eso sí, de la relevancia de los personajes.
La polémica está servida. Si nos damos un paseo por la red podemos escuchar sus ecos. Estas son algunas de las opiniones que hemos encontrado:
“Es justo que alguien que no es fotógrafo reciba un premio tan prestigioso? ¿Sería posible, por ejemplo, que un camarero recibiera un premio de investigación médica o un albañil uno de arquitectura?
¿Es esto periodismo ciudadano?
¿Y la técnica? Habrá quien tenga dudas sobre los valores “técnicos” de esta imagen, que si el encuadre, que si la luz…”
El contraste entre la trayectoria anterior de los premios y éste de la presente edición es obvio. La decisión del jurado, sorprendente, paradójica, un tanto opurtunista… Sin duda la imagen premiada tiene un interés, más simbólico que informativo, que hace que merezca la pena su publicación. ¿Exagerado e incluso inapropiado otorgarle a su autor un premio como el que ha recibido? Seguramente sí… sobre todo si pensamos en los numerosos fotógrafos de prensa que están día a día al pie del cañón, para informar con sus imágenes de toda esa realidad que desconoceríamos si no fuera por su trabajo, comprometido, tenaz y valiente por el que no dudan incluso en poner sus vidas en peligro.







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