Nuestra amiga Colita nos envió esta referencia de una entrevista que el diario El Mundo realizó al fotógrafo Ramón Masats (Caldes de Montbui, 1931)
La excusa para la conversación con el maestro, Premio Nacional de Fotografía en 2004, fue la redición del libro Los Sanfermines (La Fábrica Editorial, 2009). En ella Masats explica sus inicios, su trayectoria como fotógrafo y también su jubilación voluntaria.
Entresacamos algunos fragmentos de la entrevista que sirven como testimonio de lo que fue y lo que es hoy la fotografía documental, así como de la postura del fotógrafo que manifiesta pocas ganas de seguir fotografiando y muchas de descansar: "Si tuviese ganas de hacer fotografías, seguiría, pero se me ha pasado la ilusión, creo que me he quedado vacío. Es que me he pegado unas palizas horrorosas, y ahora lo que me gusta es estar aquí, en este sillón, leyendo y haciendo mis cosas. Salgo muy poco. Yo ya he viajado mucho". "Yo ya no voy a estudiar. Se está tan bien sin hacer nada. ¡Me lo he ganado!", añade cuando se le pregunta por la fotografía digital.
Masats, que durante unas cuántas décadas ha fotografiado toda clase de escenas y eventos de la España de los años 50 en adelante, algunas de cuyas imágenes formas parte de la iconografía fotográfica popular ("¡Estoy del seminarista hasta la gorra! Todo el mundo que me pide una foto, me pide esa, parece que no haya hecho nada más!", exclama.) emite algunas opiniones que dan que pensar a los que aun hoy se dedican con ahínco a la fotografía documental: "Si se quiere hacer un reportaje así, hay que irse al Tercer Mundo. En España los abogados lo impedirían. Ahora Cartier Bresson no podría existir. Es que los fotografiados se han dado cuenta de que tienen derecho a su propia imagen y te preguntan '¿y esto para qué es?'. Como hay tanta mierda en la televisión y en ciertas revistas... A mí me parece muy bien que defiendan sus derechos, aunque me jodan como fotógrafo. Yo a veces tuve dudas a cerca de qué derecho tenía para sacar fotos de la gente".
Estas opiniones nos enfrentan a una de las cuestiones éticas más importantes en relación a este tipo de fotografía. Por una parte está el deseo del fotógrafo de captar unas imágenes con un valor informativo, antropológico e histórico único, que ningún otro medio de representación ni documentación anterior había hecho posible. Por otro, el derecho a la intimidad de cualquier persona, vulnerado y trivializado a menudo por el uso de la imagen que hacen los medios de comunicación. Masats es consciente de que ahora le resultaría difícil captar las imágenes que él y otros muchos fotógrafos de su generación realizaron por todo el mundo, sin las cuales nuestra comprensión de la vida y la historia del siglo XX no sería la misma.
"Las últimas fotos se las hice a los gatos jugando hace unos meses y son las únicas que he hecho en los últimos tres o cuatro años". Lo dice sin nostalgia. No debe tenerla quien tiene una obra tan consistente tras de sí. “Es curioso que yo estoy igual, y no retrato mas que a mis gatos” nos dice Colita en su mensaje.
Puede que al finalizar el siglo XXI no contemos con una historia gráfica tan completa y tan hermosa como la de este siglo que acaba de finalizar. O quizás los fotógrafos encuentren la manera de resolver este dilema, a través del respeto y el consentimiento de las personas fotografiadas, como muchos ya están haciendo.

RAMÓN MASATS: Spanish Photographer© Ana Bolívar
La excusa para la conversación con el maestro, Premio Nacional de Fotografía en 2004, fue la redición del libro Los Sanfermines (La Fábrica Editorial, 2009). En ella Masats explica sus inicios, su trayectoria como fotógrafo y también su jubilación voluntaria.
Entresacamos algunos fragmentos de la entrevista que sirven como testimonio de lo que fue y lo que es hoy la fotografía documental, así como de la postura del fotógrafo que manifiesta pocas ganas de seguir fotografiando y muchas de descansar: "Si tuviese ganas de hacer fotografías, seguiría, pero se me ha pasado la ilusión, creo que me he quedado vacío. Es que me he pegado unas palizas horrorosas, y ahora lo que me gusta es estar aquí, en este sillón, leyendo y haciendo mis cosas. Salgo muy poco. Yo ya he viajado mucho". "Yo ya no voy a estudiar. Se está tan bien sin hacer nada. ¡Me lo he ganado!", añade cuando se le pregunta por la fotografía digital.
Masats, que durante unas cuántas décadas ha fotografiado toda clase de escenas y eventos de la España de los años 50 en adelante, algunas de cuyas imágenes formas parte de la iconografía fotográfica popular ("¡Estoy del seminarista hasta la gorra! Todo el mundo que me pide una foto, me pide esa, parece que no haya hecho nada más!", exclama.) emite algunas opiniones que dan que pensar a los que aun hoy se dedican con ahínco a la fotografía documental: "Si se quiere hacer un reportaje así, hay que irse al Tercer Mundo. En España los abogados lo impedirían. Ahora Cartier Bresson no podría existir. Es que los fotografiados se han dado cuenta de que tienen derecho a su propia imagen y te preguntan '¿y esto para qué es?'. Como hay tanta mierda en la televisión y en ciertas revistas... A mí me parece muy bien que defiendan sus derechos, aunque me jodan como fotógrafo. Yo a veces tuve dudas a cerca de qué derecho tenía para sacar fotos de la gente".
Estas opiniones nos enfrentan a una de las cuestiones éticas más importantes en relación a este tipo de fotografía. Por una parte está el deseo del fotógrafo de captar unas imágenes con un valor informativo, antropológico e histórico único, que ningún otro medio de representación ni documentación anterior había hecho posible. Por otro, el derecho a la intimidad de cualquier persona, vulnerado y trivializado a menudo por el uso de la imagen que hacen los medios de comunicación. Masats es consciente de que ahora le resultaría difícil captar las imágenes que él y otros muchos fotógrafos de su generación realizaron por todo el mundo, sin las cuales nuestra comprensión de la vida y la historia del siglo XX no sería la misma.
"Las últimas fotos se las hice a los gatos jugando hace unos meses y son las únicas que he hecho en los últimos tres o cuatro años". Lo dice sin nostalgia. No debe tenerla quien tiene una obra tan consistente tras de sí. “Es curioso que yo estoy igual, y no retrato mas que a mis gatos” nos dice Colita en su mensaje.
Puede que al finalizar el siglo XXI no contemos con una historia gráfica tan completa y tan hermosa como la de este siglo que acaba de finalizar. O quizás los fotógrafos encuentren la manera de resolver este dilema, a través del respeto y el consentimiento de las personas fotografiadas, como muchos ya están haciendo.

RAMÓN MASATS: Spanish Photographer© Ana Bolívar








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