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La literatura ha sido a menudo fuente de inspiración para libros de imágenes. También la imagen ha sido una buena fuente de temas para la literatura. Las bibliotecas pueden potenciar esta encrucijada de lenguajes encargando expresamente la interpretación literaria de un trabajo fotográfico y, a la inversa, la interpretación mediante la imagen de textos literarios ya sean poemas o narraciones.
Este proyecto del Centre de Fotografia Documental de Barcelona, realizado en colaboración con la Red de Bibliotecas de Barcelona, da la alternativa a un fotógrafo a fin de que interprete  visualmente la atmósfera de una novela ambientada en la ciudad. No es el ojo el que corre detrás de la palabra ilustrando pobremente el imaginario,,, en este ejercicio de foto interpretación por encima de la ilustración, el fotógrafo debe señalar el rastro del imaginario de un autor literario en el espacio urbano y cotidiano. La sorpresa consistirá en volver a sentir aquella vibración intensa de la ficción, ahora encarnada en físico identificable de la ciudad. Como una proyección de la ficción sobre la realidad, como aquellas diapositivas sobre objetos reales que repiten su forma adaptándose al relieve, estas fotos deben encajar a la perfección la idea con el entorno y con los personajes. Y si la experiencia es provechosa, nunca podremos separar la visión de aquel lugar de la ciudad, del diálogo y del aliento de los personajes que nos hablaron sin rostro en la novela.


Laura TerrÉ
, per al Centre de Fotografia Documental de Barcelona

 

 

EDICIONES
2009 - Rafael Arocha 

"En cada uno de nosotros confluye una ciudad. Un espacio de gestos, una hermosa autarquía de neón y soledad. Imágenes y memoria que nos otorgan la condición de transeúntes. Y como tales, tenemos derecho a abandonar un oso de peluche en la calle, a orinar húmedas palabras, o usar un “carga y descarga” a las cuatro de la mañana para amontonar metáforas (…) Gestos y más gestos, que no son otra cosa que diferentes formas de pedir auxilio, un grito de socorro en la oscuridad.

Rafael Arocha ha venido para apaciguar el desconcierto de nosotros, los transeúntes. Y para ello, se sienta a dialogar bajo las farolas estropeadas de la “ciudad industrial” con los tres poetas, Gil de Biedma, Barral y Goytisolo. Ellos gestaron en el vértigo de sus versos, esa Barcelona de imperativos nada categóricos, un cuento de hadas urbano sin final feliz. Ha llegado el momento de atravesar esos parajes “industriales” con la mirada encendida. El secreto transita por esas calles. Fotografía y poesía se aúnan en una única patria gestual donde van a parar los residuos líricos de la ciudad. A cada fotografía, a cada palabra, se van abriendo nuevas ventanas a las que asomarse y que constituyen un medio irrechazable de comprender.

Hay diferentes formas de mirar un verso y una ciudad, pero sólo hay una forma de capturar su esencia: aguantando la mirada a la Belleza. Y eso es lo que hace Rafael, nos obliga a tener los ojos bien abiertos, consigue que no bajemos la cabeza y que no se nos pudra la mirada con la no contemplación. Nuestros ojos (que son sus ojos) limpios por el sórdido deslumbre de sus imágenes, desentrañan la mirada del poeta “tricéfalo”. Asistimos a un maravilloso ejercicio de nostalgia y vanguardia donde se reivindican las noches interminables como espacio creador. Sus instantáneas fijan elementos en un contexto hostil, obturan la vida y la muerte, la luz y la sombra. Ya no volveremos a mirar igual. Rafael enfoca y dispara, el resto es belleza, demasiada belleza…".

Roberto R. Antúnez, poeta

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"Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma y José Agustín Goytisolo fueron calificados como “poetas industriales” por practicar, de forma manifiesta, una poesía vinculada a la experiencia de lo cotidiano, por escribir versos con el sabor de bares, calles, huelgas, noches, alcohol y soledad, por hablar de la vida en la ciudad.

Este fue mi punto de partida, el comienzo de un particular viaje por la ciudad en la que vivo, por los recuerdos que en ella he creado, por la pasión y el desasosiego que me genera, un viaje por los paisajes emocionales en los que me reflejo, por las aceras que me pierden, por los sueños que me atrapan. Este viaje acompañado ha sido una conversación de momentos de despecho, de confesiones mentidas, de sinceras preguntas y de continuos silencios.

A los poetas que se convirtieron en poema, a los versos hechos equipaje les debo este viaje; un viaje en el que el acto fotográfico ha sido una experiencia de miles de instantes".

Rafael Arocha, fotógrafo
2008 - Gemma Miralda 

Gemma Miralda ha querido fotointerpretar la experiencia iniciática de dos poetas que exploraron la periferia de aquello que aun no recibía el nombre de Barcelona. Ha utilizado la fotografía para penetrar en la realidad tal y como la poesía utiliza la palabra. Y de la misma forma que los poetas encuentran en el mundo la metáfora potente que define su pensamiento, las fotos de Gemma son reales, pero son a su vez simbólicas, propagando con sencillez toda la potencia de la emoción.

Alejándose de uno mismo y buscando lo insólito da luz a los rincones más íntimos. Paradójicamente, la aventura es más apasionante cuanto menos nos obliga a movernos, saliendo con las manos en los bolsillos, adentrándonos en los lugares perdidos que nadie visita.

La fotógrafa ha realizado un viaje extravagante acompañada de una cámara sencilla para pasar totalmente inadvertida. Esto la forzó a recuperar la experiencia excitante de los pioneros de la fotografía que tenían que inventar los recursos para conseguir las imágenes, ensayando las distancias para enfocar con sentido y, sobretodo, recuperando la poética de la imagen latente que se debe esperar con paciencia para ser reencontrada. Obligándose, en definitiva, a previsualizar sin recurrir compulsivamente a la visión inmediata de la pantalla de plasma.

La poetisa fotógrafa ha descubierto a poca distancia de su casa el tesoro y la diversidad de todos los mundos posibles, hasta confundir la experiencia de la densidad del barrio de Fondo de Santa Coloma con sus recuerdos de China; o a experimentar la panorámica aplastante y lujosa de la ciudad por encima de las barracas en el castillo de Torre Baró, tal y como se experimenta Caracas o Río de Janeiro desde los barrios. Desplazándose caminando para notar los cambios poco a poco, para ir acostumbrando la vista y descubrir las sorpresas; saludando la Babilonia moderna desde Montjuïc; pasando por descampados bajo los aviones acercándose a Sant Cosme; cruzando las calles antiguas de Poblenou hasta llegar de noche a la playa poblada de pescadores; recorriendo Mercabarna para despedirse, finalmente, con un último vistazo desde el Faro del Morrot, rodeada de gaviotas y ramales de autopista, aislada y en soledad, tan lejos de Barcelona.

2007 - Laura Covarsí Fotointerpreta presenta en esta ocasión a Laura Covarsí (Badajoz 1979) quien se aproxima a la ciudad de París teniendo como referente la novela de Enrique Vila-Matas París no se acaba nunca (Barcelona, Anagrama, quinta edición, 2004). Este proyecto se debe entender como un laberinto de espejos, en el que cada referente es en sí mismo una búsqueda interpretativa y de lenguaje dentro de un modelo anterior: mientras Covarsí escucha a Vila-Matas, éste escucha las impresiones de aquel joven que había seguido a su vez las huellas de Hemingway. Covarsí nos muestra el último reflejo de una serie de impresiones biográficas. Mientras Vila-Matas rememora irónicamente su debut como escritor en París en la década de los 70, Covarsí cambia el registro de la ironía por el ensimismamiento de la contemplación poética. Quizá la causa de esta prudencia crítica la podríamos encontrar en la lejanía frente las motivaciones que forzaron a los jóvenes de postguerra a un movimiento de autoexilio. Privada de la urgencia de la huida, Covarsí conserva la ilusión pura de una joven visitando París, como si de un personaje de novela se tratara. Esa es la razón por la que se mantiene el pulso biográfico del narrador en primera persona, - tal como se presenta Hemingway, como se presenta Vila-Matas- fotointerpretando ya no la ciudad y los textos literarios, sino su propio asombro ante la diferencia entre aquello que ve y el estándar de su lugar de origen. Covarsí fotografía una ciudad que no se parece a sus ciudades, y por eso le gusta, a pesar de que, en el fondo, las esté evocando constantemente y las recuerde mediante su ausencia. Covarsí atraviesa París de puntillas, silenciosa, guardando su opinión. Todo lo filtra con sombras de ocaso, fijando con puntos de iluminación el centro de interés de las imágenes. Son luces que no se extinguen, pero que tampoco han estado siempre encendidas. Son mínimas ráfagas de fuego de intuición que su mirada expande sobre la oscuridad del mundo para hacerlo comprensible. Covarsí ha escogido la presentación fotográfica de la totalidad de sus impresiones -incluyendo los textos y los dibujos, los objetos y los espacios- para subrayar el juego de la fotointerpretación y acabar componiendo una instalación mural prendida con la delicadeza efímera de los alfileres.
2006 - Navia Por Augusto Roa Bastos: "El azar teje a veces venturosas coincidencias. Por ejemplo, entre la escritura y la imagen. Entre la escritura literaria y la fotografía. Un azar que sólo llamamos azar porque ignoramos sus leyes de riguroso determinismo. La casualidad, en el caso que voy a comentar, actuó de manera súbita e imprevista. Me hallaba terminando la novela Contravida, de próxima aparición, cuando recibo un fax de un amigo, hasta entonces desconocido, el fotógrafo José Manuel Navia, quien me pide con cierta urgencia un breve comentario sobre las fotografías que ha dedicado a mi país, el Paraguay. [...] Por otra coincidencia, que también considero afortunada, las [...] fotografías tomadas en la región del Guairá, mi zona natal, corresponden a lugares de los pueblos de Iturbe, Itapé y aledaños que son precisamente algunos de los escenarios principales de la mencionada novela, y a sus pobladores típicos. José Manuel Navía me confiesa, además, que la inspiración del proyecto de los reportajes gráficos le surgió de otra novela mía anterior, Hijo de hombre. Al igual que la novela, que no aspira a reflejar el color exclusivamente localista o pintoresquista de estos escenarios geográficos, humanos, históricos y sociales, sino el misterio profundo de las esencias locales, que parece estar siempre en trance de revelación, las [...] fotografías de Navia, por lo austeras y despojadas, tampoco aspiran a mostrar el aspecto insólito o puramente espectacular de los escenarios elegidos y captados, sino más bien algunos de los rasgos caracterízadores y sintetizadores del paisaje, la historia y la sociedad de este país tan poco conocido de América Latina. A mí juicio y por la reacción de mí sensibilidad de origen campesino, siento que estas imágenes expresan y resumen fielmente la idiosincrasia y la identidad del poblador campesino del Paraguay, que lleva en la sangre el sentido estoico de la vida, forjado a través de los innumerables infortunios y vicisitudes de su historia. [...] La trágica historia de este país, de carácter rural y gregario, lo formó en la escuela del sacrificio y del estoicismo. El tema de la vida y de la muerte, en cuyo marco se despliega el exceso de energía vital, pero también el fenómeno de las atonías y depresiones sociales, constituyen el argumento básico de mi novela Contravida. Es una narración alucinada en la que el protagonista ensaya el descenso entre la vida y la muerte hacía sus raíces en busca de la placenta primordial en un viaje iniciático a contracurso de la vida. [...] Iturbe. Itape, son los escenarios de esta historia novelesca y también de las fotografías emblemáticas de José Manuel Navia. Ellos están situados sobre la "frontera de hierro" que divide al país en dos tiempos históricos, en dos porciones de geografía, en dos pueblos -el antiguo y el moderno-: y en estos escenarios se desarrolla el drama esquizoide de una sociedad sometida por tanto tiempo a la acción degradante de las dictaduras autoritarias. Para mí, en tanto que autor, constituye un grato estímulo el que las imágenes de José Manuel Navía en el reportaje gráfico sobre el Paraguay, vinculen mi primera y última novela y ofrezcan, a partir de ellas, esta visión de "la tierra que a su imagen me hizo para de sí arrojarme", como escribiera Luis Cernuda en uno de sus poemas".
2005 - Tatiana Donoso Los mares del sur: "Cierro el libro y salgo a caminar por las calles de Barcelona, buscando a cada paso momentos, luces y silencios que me ayuden a construir el escenario de un nuevo paraíso perdido: Los Mares del Sur de Manuel Vázquez Montalbán El reto de este proyecto de interpretación fotográfica es crear una lectura visual que nos transporte a los escenarios y a la atmósfera de este libro, uno de los más emblemáticos de la serie del detective Carvalho. Se trata de entrar y salir de las palabras, buscando en ellas y en mi interior el camino de la memoria que me ayude a reconstruir la mirada de Montalbán y a preguntarme cuales son mis propios “mares del sur”. Se trata también de hacer un viaje paralelo al del protagonista de la novela y de buscar un paraíso literario en una Barcelona a la vez cotidiana y desconocida. Este es mi viaje y mi reto en este proyecto. El detective Pepe Carvalho debe investigar en esta ocasión como fue el último año de vida de Stuart Pedrell, un empresario de la alta burguesía catalana que desaparece y del que todo el mundo piensa que está en Tahití para seguir los pasos de su gran mito, el pintor Gaugin. La aparición de su cadáver en el barrio de la Trinitat Vella da inicio a la trama que se desarrolla en la periferia de Barcelona, ya que Carvalho descubre que es en Bellvitge donde Stuart Pedrell encontró su paraíso particular. El autor desplaza el núcleo de la acción a los márgenes de la ciudad, hace del “barrio chino” un lugar de paso y del mundo de la burguesía el mausoleo de una forma de vida caduca y superficial. He paseado por estos tres escenarios buscando esta mirada propia de Carvalho y también las pistas que me ayuden a resolver este viaje visual a los Mares del Sur. Una vez cerrado el libro que me ha acompañado estos últimos meses, he dejado volar la imaginación y la cámara tratando de buscar en la Barcelona de hoy la melancolía de Moltalbán por una ciudad que no volverá, que murió con las Olimpiadas de 1992. Trabajar esta interpretación fotográfica me ha servido para dejarme sorprender por mi ciudad y para descubrir nuevos territorios ajenos al ritmo cotidiano. Me he adentrado en sus calles con el espíritu de una viajera sin aviones ni pasaportes y he dejado que el metro me transportara a la Barcelona de las palabras y de los recuerdos, a la Barcelona de Montalbán". Tatiana Donoso

 

 

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